8. La Metaciudad

20 05 2009

Ese curioso concepto, que quizás a nivel puramente urbano no estemos acostumbrados a percibir, en actualidad revoluciona la relación entre seres humanos, además, claro está, de desgarrar físicamente el tejido urbano.

Para ilustrar esta idea nada mejor que uno de sus retroalimentos, el internet – un espacio virtual que a través de una densa infraestructura raisomatica une, condiciona y encausa las relaciones entre sus usuarios. Digamos, una enorme ciudad, donde cada página es una casa, cada blog – un piso dentro del enorme bloque de viviendas y cada buscador- una fabrica que produce e  indexa la información, sin hablar de servidores de video, alojamientos de archivos y demás vecinos del polígono industrial de la ciudad a la que me refiero. Una ciudad donde la distancia entre un emplazamiento y otro se encuentra a un click y donde la libertad de movimiento tan solo es entorpecida por la de condicionamiento programado. En definitiva, seguro que a Calvino no le importaría apadrinar un municipio como ese.

Volvamos a lo físico. Hoy en día a pesar de que las infraestructuras estén lejos de la velocidad del click ya permiten un modelo urbano que trascendiendo el extrarradio permite crear vínculos funcionales entre dos emplazamientos históricamente y hasta hace bien poco independientes. Así, para trabajar en Mérida ya no supone un impedimento pernoctar en Cáceres o estudiar en Sevilla, el residir en Córdoba. Tampoco es raro ver como las costas del levante o Málaga formen un tejido urbano continuo, tan solo separado por anecdóticos arcos y señalizaciones indicativas.

Lo que aun es más interesante, el sentimiento de pertenencia a lo referido en el empadronamiento, se desvanece entre los destellos memeticos de  las campañas publicitarias, memeplexias culturales o deportivas y el resto del marketing que proyectan los grandes focos urbanos. Unos entes, que a través de un amplio abanico de medios, entre los que por su puesto esta el internet, despliegan una seña de identidad que en un encuentro puramente memetico se enfrenta a todo un sistema de clasificación social. -O acaso Nueva York, Paris o Sydney  nos son  tan ajenas como cualquier capital de provincia de nuestra comunidad que tampoco hayamos visitado. Porque a título personal, sin haber estado en ninguna de las dos ciudades, veo más probable soñar con un paseo por Nueva York que con por Jaén.

Así no es raro, que de lo meta fácilmente se pase a lo mega con todos los problemas organizativos que eso supone. Grandes concentraciones urbanas, que no solo se extienden hacia lo geográfica o verticalmente permisibles, sino unos organismos dinámicos que se extienden más allá de las barreras municipales, gubernamentales o incluso físicas. Es decir, un compendio de nuevos retos susceptible al colapso.